
A lo largo de este año 2011 (año internacional de la química, que fue clausurado hace dos semanas) he seguido varios programas de divulgación científica. Hace poco he descubierto en twitter uno buenísimo llamado Escépticos. Una de las cosas que hacen en este programa es entrar en una clase de instituto y preguntar a los alumnos sus opiniones sobre asuntos como la homeopatía o el horóscopo. Viendo estas conversaciones me he dado cuenta de algo que no me hace ninguna gracia: la palabra "química" se utiliza como antónimo de natural, y la palabra natural como sinónimo de saludable. En realidad no es algo que me haya pillado por sorpresa, ya a principios de año Bernardo Herradón hablaba del desprestigio de la química en el programa "A hombros de gigantes" Pero no era consciente de que fuera tan brutal.
Mi profesor de historia (o el ya cien veces nombrado en este blog) contaba que la primera reacción química controlada por el hombre fue el fuego. Porque el fuego no es otra cosa que una reacción donde se oxida una sustancia combustible (madera, carbón, petróleo o cualquier cosa susceptible de ser quemada) con el oxígeno del aire. Así que, por si no lo sabíais, cada vez que hacéis una paella en el campo, u os freís un huevo en la cocina, estáis trabajando con reacciones químicas y a la vez es algo de lo más natural (o así lo veo yo). Sin embargo comer carne cruda no conlleva una manipulación química del producto y no es saludable, o al menos a la digestión no ayuda.
Se me ha ocurrido un ejemplo bastante ilustrativo y espero que nada confuso: el petróleo. El petróleo es una mezcla de compuestos orgánicos que se extrae directamente de cavidades subterráneas, luego es un producto de lo más natural. La gasolina es una de las fracciones del petróleo, y el tratamiento para separarla del crudo es la destilación, que no es un proceso químico, sino físico, dado que no hay cambio en la composición del producto, solo separa unos componentes de otros. Así que la gasolina es un producto natural muy demandado, útil y también contaminante (no en sí mismo, sino gracias al uso que hacemos de ella).
La empresa Bio Fuel System va a instalar el primer campo biopetrolífero de España en Carboneras. Tengo que decir que los almerienses suelen llamar a este municipio "el pueblecico" porque aseguran que su nombre trae mal fario, pero como soy una escéptica yo lo digo y escribo sin tapujos. El proyecto consiste en utilizar el CO2 que emiten las industrias de la zona para alimentar un cultivo de microalgas y luego transformarlas en petróleo mediante un proceso químico que dura solo unos días. Es una hazaña encomiable teniendo en cuenta que la naturaleza ha tardado millones de años en producir el petróleo que encontramos en ella. Pues bien, este "biopetróleo" no es un producto natural sino artificial y sin embargo, en el caso de que fuera rentable, convertiría el petróleo en una fuente de energía renovable y sostenible, dado que recoge de la atmósfera el CO2 que luego emitiría con su combustión.
En resumen: ni lo natural es necesariamente bueno o saludable, ni lo artificial malo (¡viva el goretex!) pero sobretodo quiero decir que la química está en todas partes, en el laboratorio, en la cocina, dentro de una célula, en el Sol... en todas partes. No tiene sentido decir "si me duele la cabeza me tomo una infusión porque a mí no me gusta tomar producos químicos" porque hay tanta química en la infusión como en una pastilla de ibuprofeno.
En la imagen la cala de los muertos en Carboneras, una de mis playas favoritas, como siempre dentro del Parque Natural de Cabo de Gata.